lunes, 29 de febrero de 2016

LA PEDAGOGÍA ROMÁNTICA DE FRIEDRICH FRÖEBEL











El pedagogo alemán Friedrich Fröebel (1782-1852), afamado por ser el creador de los Jardines de Infancia, recibió fuerte influencia de las filosofías de Hegel y de Fichte y fue admirador y discípulo de Pestalozzi pero luego se apartó y creó su propia metodología porque creyó que la propuesta de aquél no era apropiada para la primera infancia. Consideró que se debía dar desde el nacimiento una formación integral sin coacción y aprovechando al máximo las capacidades naturales y la espontaneidad y que la educación era el camino para ayudar al hombre a conocerse a sí mismo y a manifestar lo divino que hay en él amando a Dios, la naturaleza y la humanidad.

Sostenía la convicción de que existe una profunda unidad de lo real. La educación como proceso de desarrollo está sujeta a dos leyes complementarias:

a) La ley de los Opuestos o Polaridad: todos los seres tienen su opuesto en el mundo: espíritu-materia, hombre-mujer, animal-vegetal, y en el crecimiento el contrapunto fundamental es entre la naturaleza del ser en crecimiento (lo interno) y su entorno (lo externo). Los vegetales, los animales y los humanos crecen mediante el doble proceso de exteriorizar lo interno e internalizar lo externo; es decir, imprimiendo la forma de su propia vida sobre algún material externo y desarrollando su propia naturaleza al realizar esta actividad.
b) La ley de la Asociación o Conexión: el crecimiento es el proceso de superar las diferencias encontrando la asociación entre las cosas que en un principio se oponían entre sí.[i]

La propuesta pedagógica de Fröebel gira sobre la noción del desarrollo como proceso que, a partir del contraste, resulta en armonía final y está presente en todo el proceso educativo: el educador comienza con el contraste entre lo interno y lo externo y debe cuidar que, al fin, se unifiquen. El papel del maestro es ser intermediario entre el alumno y el mundo exterior facilitando, como intérprete, su mutua comprensión. En un sistema más flexible que el de Pestalozzi, evita la reducción analítica de la experiencia a elementos y promueve la enseñanza con intereses totales y no con fragmentos. Lo primero que se debe ejercitar es el mundo de los sentidos y el juego individual y colectivo es el más alto grado de desenvolvimiento infantil. Calificaba como un error crear barreras entre la actividad que se hace “por juego” y la que se realiza “seriamente”.  Las actividades lúdicas eran centrales pero sin carácter coactivo u obligatorio y estaban divididas en tres grandes grupos: 1) Objetos y ocupaciones, que intentaban familiarizar al niño con las cosas inanimadas. Las ocupaciones concebidas como actividades que modifican el material a utilizar, consistían fundamentalmente en el dibujo, el modelado, el plegado y el encartonado; 2) Jardinería y cuidado de animales domésticos, para despertar simpatía por las plantas y los animales. Los jardines de infancia debían disponer de un terreno, un jardín dividido en dos partes. Una, con pequeñas parcelas individuales que cada niño debía cuidar por sí sólo como pudiera. Otra, destinada al trabajo colectivo que estimulara la colaboración infantil; 3) Juegos y canciones, cuyo propósito era acostumbrar a los niños a convivir con la naturaleza y con la humanidad tratando los temas de interés desde el aprendizaje de los movimientos más simples hasta el ir de compras con la madre.


Una gran innovación que introdujo son los materiales para estimular la natural tendencia a la actividad del niño, denominados “dones” o “regalos” a los cuales atribuyó importancia simbólica.  Los dones procuraban, mediante el juego, la ejercitación sensorial y el desarrollo del lenguaje y la sociabilidad. Eran once pero sólo los siete primeros fueron íntegramente creados por Fröebel pues falleció antes de haberlos concluido.

A pesar de que el sentido que le otorgaba a la educación era profundamente religioso, al punto de considerar que la enseñanza de la religión cristiana era la base de toda educación, cuando su prédica por la extensión de los jardines de infantes estaba teniendo éxito, fueron prohibidos por difundir ideas socialistas y ateas. Murió poco después pero dejó huella no sólo en la organización y la didáctica del Nivel educativo Inicial sino que conforma la tríada admirada por los integrantes de los Movimientos de Educación Nueva y Activa del siglo XX junto con Rousseau y Pestalozzi. Las objeciones que se le han hecho gravitan en la vaguedad de sus ideas, el carácter más poético que científico de su exposición así como el excesivo énfasis en la espontaneidad del niño y en las actividades recreativas.




            Las siguientes frases ilustran la función primordial adjudicada por Fröebel a la educación.

“Yo sentía clara y distintamente que vivir es educarse, realmente, y de ahí brotaban las preguntas: ¿qué es educación?, ¿qué papel representan en ella los medios de instrucción elemental ideados por Pestalozzi?, ¿cuál es el objeto principal de la instrucción? A esta última pregunta me respondía con las siguientes consideraciones:
El hombre vive en un mundo de cosas que actúan sobre él y sobre las cuales él desea reaccionar; ha de conocerlas, entonces, en cuanto a su naturaleza, su carácter y relaciones mutuas entre sí y con él mismo. Las cosas tienen forma (de aquí las lecciones de forma); tienen tamaño (de aquí las lecciones de tamaño); y son pocas, o muchas, o múltiples (de aquí las lecciones de número). Las lecciones de forma, tamaño y número corresponden, pues, a la naturaleza de las cosas mismas”.(Autobiografía)

“La educación del hombre no es sino la vía o el medio que conduce al hombre, ser inteligente, racional y consciente, a ejercitar, desarrollar y manifestar los elementos de vida que posee en sí propio. Su fin se reduce a conducir, por medio del conocimiento de esta ley eterna, y de los preceptos que ella entraña, a todo ser inteligente, racional y consciente, a conocer su verdadera vocación y a cumplirla espontánea y libremente.
Todo el arte de la educación está basado en el conocimiento profundo y en la aplicación de esta ley, única capaz de contribuir al desarrollo y expansión del ser inteligente, y única susceptible de conducir a éste a la consumación de su verdadero destino.
La educación tiene por objeto formar al hombre, según su vocación, para una vida pura, santa y sin mancha: en una palabra, a enseñarle la sabiduría propiamente dicha.
La sabiduría es el punto culminante hacia el cual deben dirigirse todos los esfuerzos del hombre: es la cúspide más elevada de su destino.
La doble acción de la sabiduría consiste para el hombre en educarse a sí mismo, y en educar a los demás con conciencia, libertad y espontaneidad. El ejercicio de la sabiduría se llevó a cabo por el ser individual, a partir de la aparición del hombre sobre la tierra; se mostró con la primera manifestación de la conciencia humana; se reveló más tarde y sigue revelándose aun como una necesidad de la humanidad, por lo que debe ser escuchada y obedecida. Sólo por la sabiduría se obtiene la satisfacción legítima de las necesidades externas e internas; sólo por ella se logra la felicidad.
La educación debe llevar al hombre a conocerse a sí mismo, a vivir en paz con la naturaleza y en unión con Dios; y por alcanzar estos fines, ella se esfuerza desde luego en elevar al hombre hasta el conocimiento de Dios, de la humanidad en general y de la naturaleza interna y externa, suministrándole más tarde el medio de unirse a Dios, al proponerle el modelo de una vida fiel, pura y santa”.(La educación del hombre. Introducción)





[i] La propuesta pedagógica de Fröebel gira sobre la noción del desarrollo como proceso que, a partir del contraste, resulta en armonía final y está presente en todo el proceso educativo: el educador comienza con el contraste entre lo interno y lo externo y debe cuidar que, al fin, se unifiquen. El papel del maestro es ser intermediario entre el alumno y el mundo exterior facilitando, como intérprete, su mutua comprensión. En un sistema más flexible que el de Pestalozzi, evita la reducción analítica de la experiencia a elementos y promueve la enseñanza con intereses totales y no con fragmentos. Lo primero que se debe ejercitar es el mundo de los sentidos y el juego individual y colectivo es el más alto grado de desenvolvimiento infantil. Calificaba como un error crear barreras entre la actividad que se hace “por juego” y la que se reliza “seriamente”.  Las actividades lúdicas eran centrales pero sin carácter coactivo u obligatorio y estaban divididas en tres grandes grupos: 1) Objetos y ocupaciones, que intentaban familiarizar al niño con las cosas inanimadas. Las ocupaciones concebidas como actividades que modifican el material a utilizar, consistían fundamentalmente en el dibujo, el modelado, el plegado y el encartonado; 2) Jardinería y cuidado de animales domésticos, para despertar simpatía por las plantas y los animales. Los jardines de infancia debían disponer de un terreno, un jardín dividido en dos partes. Una, con pequeñas parcelas individuales que cada niño debía cuidar por sí sólo como pudiera. Otra, destinada al trabajo colectivo que estimulara la colaboración infantil; 3) Juegos y canciones, cuyo propósito era acostumbrar a los niños a convivir con la naturaleza y con la humanidad tratando los temas de interés desde el aprendizaje de los movimientos más simples hasta el ir de compras con la madre.
Una gran innovación que introdujo son los materiales para estimular la natural tendencia a la actividad del niño, denominados “dones” o “regalos” a los cuales atribuyó importancia simbólica.  Los dones procuraban, mediante el juego, la ejercitación sensorial y el desarrollo del lenguaje y la sociabilidad. Eran once pero sólo los siete primeros fueron íntegramente creados por Fröebel pues falleció antes de haberlos concluido.
A pesar de que el sentido que le otorgaba a la educación era profundamente religioso, al punto de considerar que la enseñanza de la religión cristiana era la base de toda educación, cuando su prédica por la extensión de los jardines de infantes estaba teniendo éxito, fueron prohibidos por difundir ideas socialistas y ateas. Murió poco después pero dejó huella no sólo en la organización y la didáctica del Nivel educativo Inicial sino que conforma la tríada admirada por los integrantes de los Movimientos de Educación Nueva y Activa del siglo XX junto con Rousseu y Pestalozzi. Las objeciones que se le han hecho gravitan en la vaguedad de sus ideas, el carácter más poético que científico de su exposición así como el excesivo énfasis en la espontaneidad del niño y en las actividades recreativas.







CORTO DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE MÉXICO SOBRE LOS APORTES DE FRÖEBEL