lunes, 29 de febrero de 2016

LA PEDAGOGÍA REALISTA DE JAN AMÓS COMENIO






Para salir de los laberintos escolásticos, el pastor protestante de una secta morava Juan Amós Comenio (1592-1670) sistematizó una Pedagogía que llamó realista en su  Didáctica Magna (1657) y en los muchos y difundidos libros de texto que redactó para apoyar su propuesta que definió como “el artificio universal para enseñar a todos todas las cosas” donde sintetizó muchas de las nuevas concepciones filosóficas, religiosas, artísticas y políticas de su tiempo que buscaban formar no sólo piadosos cristianos sino también buenos ciudadanos. En esto, ha sido funcional su reivindicación y cultivo de la lengua vernácula contra el latín.

El orden exacto de la instrucción debía tomarse de la naturaleza y, como en ella hay uniformidad en sus operaciones, era menester emplear el mismo método de enseñanza para todas las ciencias, las artes y las lenguas. Los principios didácticos básicos que se desprenden de su obra refieren a la necesidad de, en la medida de lo posible, aprender mediante la acción observando e imitando a la naturaleza, cultivar los sentidos involucrando la mayor cantidad de ellos en cada objeto de estudio, ir de lo conocido a lo desconocido, de lo cercano a lo lejano, de lo simple a lo complejo, de lo fácil a lo difícil, caminar paso a paso y dejar las cosas completas y utilizar imágenes para representar las ideas pero la base de la educación es la intuición y, por tanto, se hace indispensable enseñar las cosas por las cosas mismas.

No obstante, esa prédica, se confrontaba a su concepción de los libros de texto como mediadores y organizadores privilegiados de la enseñanza. Creemos que la razón principal de esta contradicción radica en que su preocupación fundamental era hallar un método que sirviera a la necesidad de expandir la educación popular con limitados recursos y con docentes escasamente preparados que sirvieran para atender hasta cien alumnos cada uno. Este mandato de la eficacia y la eficiencia, que luego se verá como obsesión en la corriente curricular tecnocrática del siglo XX, le hizo metaforizar la marcha ideal de la escuela como la de un reloj con sus partes armónicamente integradas y su ritmo incesante y acompasado. Proponía una disciplina severa que exigía puntualidad, un lugar fijo en el aula para cada alumno y la formación de buenas costumbres pero sin crueldad ni castigos corporales. Concebía a las escuelas como semilleros, la profesión de maestro era asimilable al sol, los alumnos se equiparaban a los árboles o los animales que se nutrían de él.

Fue pionero en la valoración de la educación temprana, preparó la primera guía conocida para la escuela maternal donde debía implantarse en el niño los rudimentos de todo el conocimiento necesario para la vida.  Exigía un sistema escolar completo que comprendiera a todo el pueblo sin distinción de posición económica ni de género desde la infancia hasta la joven adultez. Lo dividía en cuatro períodos de seis años de duración cada uno a  cargo de cuatro tipos diferentes de instituciones:

1) La escuela materna destinada a la infancia y al cultivo los sentidos externos. El uso inteligente de las palabras constituye la base de todas las diferentes ramas del saber. El ejercicio activo de los sentidos y la relación con los elementos, los animales, las plantas prepararía el camino de las ciencias naturales. Era necesario que hubiera una en cada hogar; 2) La escuela vernácula,  organizada para la niñez y para el cultivo de los sentidos internos, es decir, la imaginación y la memoria. Las materias principales deberían ser la lectura, la escritura, la aritmética, el arte de medir, el canto, la historia, la geografía, los principios de las artes mecánicas, la moral y la religión. Se requería establecer una en cada pueblo;3) El gimnasio o escuela latina que atendía a la adolescencia se debían desarrollar la comprensión y el juicio. Los alumnos debían adquirir conocimiento de cuatro lenguas y obtener una base en todas las ciencias y artes. Se precisaba uno en cada ciudad y 4) La academia equivalente a la universidad que nucleaba a los jóvenes donde era necesario alcanzar la voluntad armonizadora, preveía el estudio de cada una de las ramas del conocimiento y a ella debían asistir aquellos “intelectos selectos” que hubieran probado su aptitud para sacar provecho de ella mediante un examen público. La mayoría de los estudiantes se restringirían al campo particular para el que sus dones naturales los hicieran más claramente aptos, con escasas excepciones que podrían abarcar la totalidad de ramas del saber. Se requería una en cada reino o provincia.
Entre los sueños de Comenio que expresaban a su época, estaban su inquebrantable fe en la educación como motor del progreso y del mejoramiento de la humanidad y el ideal pansófico de un saber universal para todos que, un siglo después, cristalizaron en los predicamentos de la Revolución Francesa. Por eso, postulaba que todas las ciencias debían ser enseñadas de modo que la cultura científica fuera enciclopedista con un conocimiento esquemático que contuviera al menos las nociones fundamentales. La influencia que ejerció Comenio en los años posteriores a su muerte no fue inmediata. Perduraron, en mayor medida, sus libros de lectura utilizados por más de dos siglos que sus ideas pedagógicas pero ha inspirado a grandes pensadores como Pestalozzi, Fröebel, Spranger, Piaget, etc. Es por esta condición de pionero en forjar un gran sistema práctico y general que se lo considera el padre de la pedagogía y la didáctica.

En los siguientes extractos del libro Didáctica Magna de Comenio puede identificarse una muestra de su ideario sobre la función social de la escolarización que pregonaba:


“El fin último del hombre está fuera de esta vida.
Los dictados de la razón nos afirman que criatura tan excelsa como lo es el hombre, debe estar necesariamente destinada a un fin superior al de todas las demás criaturas; a saber, que unida a Dios, cúmulo de toda perfección, gloria y bienaventuranza, goce con El eternamente de la gloria y beatitud más absolutas” (1983:27; principio capítulo II)
 “Conste, pues, que cuanto mayor sea nuestro empeño en esta vida para alcanzar Erudición, Virtud y Piedad, tanto mas nos aproximaremos a la consecución de nuestro último fin. Estos tres han de ser los objetivos de nuestra vida” (1983:36 ;fin capítulo IV)
“El hombre ha sido llamado por los filósofos microcosmo, compendio del universo, que encierra en sí mismo cuanto por el mundo aparece esparcido (…) Nada, pues, necesita el hombre tomar del exterior, sino que es preciso tan sólo desarrollar lo que encierra oculto en sí mismo y señalar claramente la intervención de cada uno de sus elementos” (1983:39)
 “Conviene formar al hombre si debe ser tal.
Como ya hemos visto, la Naturaleza nos da las semillas de la Ciencia, Honestidad y Religión, pero no proporciona las mismas Ciencia, Religión y Virtud; éstas se adquieren rogando, aprendiendo y practicando. De aquí se deduce que no definió mal al hombre el que dijo que era un ‘Animal disciplinable’, pues verdaderamente no puede, en modo alguno, formarse el hombre sin someterle a disciplina” (1983:48; principio capítulo VI)
“Quede, pues, sentado que a todos los que nacieron hombres les es precisa la enseñanza, porque es necesario que sean hombres, no bestias feroces, no brutos, no troncos inertes. De lo que se deduce que tanto más sobresaldrá cada uno a los demás cuanto más instruido esté sobre ellos” (1983:52; fin capítulo VI).
“Para que el hombre pudiese formarse para la Humanidad le otorgó Dios los años de la juventud, en los que inhábil para otras cosas fuera tan sólo apto para su formación” (1983:55)
“Y si para instruir a los adultos en la religión tenemos templos, y para resolver las causas de los litigantes o convocar al pueblo para informarle de algo poseemos el Pretorio y la Curia, ¿por qué no hemos de tener escuelas para la juventud?” (1983:58)
“¿Por qué, pues, así como los talleres forman los artesanos, los templos conservan la piedad y las curias administran la justicia, no han las escuelas de avivar, depurar y multiplicar las luces de la sabiduría, y distribuirla en todo el cuerpo de la comunidad humana?(…) Por lo cual, así como es indispensable la piscina para los peces y el vivero para los árboles, así las escuelas son precisas para la juventud”.(1983:59-60; fin Cáp. VIII)
“Todos, por lo tanto, han de ser preparados de tal modo que, instruidos sabiamente en las letras, la. virtud y la religión, puedan atravesar útilmente esta vida presente y estar dignamente dispuestos para la futura” (1983:61)
“No existe ninguna razón por la que el sexo femenino (y de esto diré algo en especial) deba ser excluido en absoluto de los estudios científicos (ya se den en lengua latina, ya en idioma patrio) (…) Sin embargo, no se ha de llenar de un fárrago de libros (como a la juventud del otro sexo; lo que hay que deplorar que hasta ahora no haya sido más cautamente evitado) sino libros en los que, al mismo tiempo, que adquieren el verdadero conocimiento de Dios y de sus obras, puedan perpetuamente aprender las verdaderas virtudes y la verdadera piedad”. (1983:62-63)
“Desde luego, y sin excepción, hay que tender a que en las escuelas,  y después toda la vida gracias a ellas: I. Se instruyan los entendimientos en las artes y las ciencias. II. Se cultiven los idiomas. III. Se formen las costumbres con suma honestidad. IV. Se adore sinceramente a DIOS” (1983:65)
“Llamo escuela, que perfectamente responde a su fin, a la que es un verdadero taller de hombres; es decir, aquella en la que se bañan las inteligencias de los discípulos con los resplandores de la Sabiduría para poder discurrir prontamente por todo lo manifiesto y oculto (como dice el libro de la Sabiduría, 7.17); en la que se dirijan las almas y sus afectos hacia la universal armonía de las virtudes y se saturen y embriaguen los corazones con los amores divinos de tal modo que todos los que hayan recibido la verdadera sabiduría en escuelas cristianas vivan sobre la tierra una vida celestial. En una palabra; escuelas en las que se enseñe todo a todos y totalmente
Pero ¿hay alguna escuela que se haya propuesto llegar a este grado de perfección, cuanto menos que lo haya conseguido? Para que no se nos diga que perseguimos ideas platónicas o que soñamos una perfección que no existe y que tal vez no podamos esperar en esta vida, vamos a demostrar con otros argumentos que las escuelas deberían ser como dejamos dicho, y no como son hasta ahora” (1983:70; principio del capítulo  XI)
“...a Sagrada Escritura debe ser el principio y el fin en las escuelas cristianas” (1983:195; Cáp. XXIV)
“Doy el nombre de ‘Escuelas Públicas’ a los colegios donde la juventud de la aldea, de la ciudad entera, o de la región entera se ejercita en común hacia el dominio de las letras y las artes, modales honestos, y piedad verdadera, bajo la inspección de los más estimados varones (o matronas); por medio de éstos ha de lograrse que en todas partes haya cosecha de gente bien culta. Para que esto se comprenda mejor, voy a presentar una explicación más detallada.
Digo la juventud de toda la aldea, de toda la ciudad, de toda la región o provincia, para que se comprenda que en todos los sitios donde vive una comunidad de familias, ha de establecerse un instituto semejante para la educación de la juventud. Las razones para instituir estas escuelas son graves. Primero, que los padres por sí mismos no bastan para dedicarse a la debida educación de sus hijos. Muchos de ellos no saben hacerlo, siendo ellos mismos, sin educación. Otros no quieren educar a sus hijos, porque son padres de afectos corruptos: los ricos y susceptibles; finalmente, otros no pueden porque viven muy ocupados: los laboriosos. Si a nadie, pues, en ninguna parte ha de dejarse en descuido, es necesario tomar una medida común estableciendo escuela públicas para que todos tengan derecho y posibilidad de enviar allí a sus hijos, si son obligados a ello.  Segundo, si se ejercitan en común muchos alumnos, eso lleva no solamente el ahorro de trabajo, sino que se adquiere también alacridad tanto para los maestros como para los alumnos, al mismo tiempo que con un éxito más rápido y más firme (debido a los ejemplos permanentes y a la emulación mutua). Finalmente iguales razones por las cuales introdujo Dios las comunidades eclesiásticas, y la sabiduría humana introdujo las reuniones de ciudadanos, éstas mismas valen también en cuanto a nuestro objetivo, para las escuelas como prólogo de la Iglesia y comunidad cívica; es decir, que todos han de ir acostumbrándose a las relaciones santas y mundanas, a la concordia mutua, y a guiarse por las leyes. Sea, pues, reconocido como verdad, que han de establecerse escuelas en todos los sitios, como alivio para la vida económica y, sin embargo,  como bases para la Iglesia y el Estado”(1996:213; Pampaedia)
-Comenio, Juan Amós Didáctica Magna. Pueblo y Educación. La Habana. 1983.

-Comenio, Juan Amós Páginas escogidas. AZ editora. Buenos Aires. 1996. 


HERMOSO FILM CORTO ANIMADO SOBRE LA VIDA Y OBRA DE COMENIO
DEBAJO LOS GIFS ANIMADOS EXTRAIDOS DEL MISMO
















[i] 1) La escuela materna destinada a la infancia y al cultivo los sentidos externos.El uso inteligente de las palabras constituye la base de todas las diferentes ramas del saber. El ejercicio activo de los sentidos y la relación con los elementos, los animales, las plantas prepararía el camino de las ciencias naturales. Era necesario que hubiera una en cada hogar; 2) La escuela vernácula,  organizada para la niñez y para el cultivo de los sentidos internos, es decir, la imaginación y la memoria. Las materias principales deberían ser la lectura, la escritura, la aritmética, el arte de medir, el canto, la historia, la geografía, los principios de las artes mecánicas, la moral y la religión. Se requería establecer una en cada pueblo;3) El gimnasio o escuela latina que atendía a la adolescencia se debían desarrollar la comprensión y el juicio. Los alumnos debían adquirir conocimiento de cuatro lenguas y obtener una base en todas las ciencias y artes. Se precisaba uno en cada ciudad y 4) La academia equivalente a la universidad que nucleaba a los jóvenes donde era necesario alcanzar la voluntad armonizadora, preveía el estudio de cada una de las ramas del conocimiento y a ella debían asistir aquellos “intelectos selectos” que hubieran probado su aptitud para sacar provecho de ella mediante un examen público. La mayoría de los estudiantes se restringirían al campo particular para el que sus dones naturales los hicieran más claramente aptos, con escasas excepciones que podrían abarcar la totalidad de ramas del saber. Se requería una en cada reino o provincia.
Entre los sueños de Comenio que expresaban a su época, estaban su inquebrantable fe en la educación como motor del progreso y del mejoramiento de la humanidad y el ideal pansófico de un saber universal para todos que, un siglo después, cristalizaron en los predicamentos de la Revolución Francesa. Por eso, postulaba que todas las ciencias debían ser enseñadas de modo que la cultura científica fuera enciclopedista con un conocimiento esquemático que contuviera al menos las nociones fundamentales. La influencia que ejerció Comenio en los años posteriores a su muerte no fue inmediata. Perduraron, en mayor medida, sus libros de lectura utilizados por más de dos siglos que sus ideas pedagógicas pero ha inspirado a grandes pensadores como Pestalozzi, Fröebel, Spranger, Piaget, etc. Es por esta condición de pionero en forjar un gran sistema práctico y general que se lo considera el padre de la pedagogía y la didáctica.



CORTO SOBRE LOS PRINCIPIOS DIDÁCTICOS DE COMENIO