lunes, 29 de febrero de 2016

LA PEDAGOGÍA JESUITA




GRABADO QUE ILUSTRA UNA CLASE JESUITA EN LA UNIVESIDAD DE SALAMANCA (ESPAÑA)


La educación de las universidades entre los siglos IX y XV se ha identificado con la metodología escolástica que tenía como función reconciliar la creencia y la razón, la religión y la ciencia. Los antiguos diálogos socráticos, de búsqueda dialéctica y cuestionadora para una mejor comprensión, bajo el supuesto de una verdad no absoluta que emergía desde el interior del hombre como reminiscencia, en el medioevo se transformaron en discusiones regidas por el principio de autoridad sobre asuntos de fe y razón, con frecuencia encaradas por un mismo individuo y en las que se aplicaba minuciosamente la lógica aristotélica deductiva, para conciliar argumentos sintetizadores destinados a entender la verdad absoluta revelada por Dios.


En sus inicios desarrolló el pensamiento lógico formal pero luego se anquilosó y fue un obstáculo. Más allá de que pueden matizarse distintas modalidades, se transmutó en una armadura del pensamiento medieval, no como confrontación de argumentos opuestos y búsqueda de síntesis conciliadora sino como sistema de discusión dogmático. Especialmente por su rigidez, en su lectura atenida a los exclusivos recursos de la lógica aristotélica y la fe canónica con menos intenciones de aprender a razonar que de aprender a discutir, es decir, el arte de argumentar contra otro y de refutar antes que el arte de probar, un método para defender ideas más que para desarrollarlas.

Con el cometido de remozar la escolástica, la Compañía de Jesús fue fundada a mediados del siglo XVI (1534) por  el español Ignacio de Loyola (1491-1556) como una organización eclesiástica católica con principios de régimen militar para combatir en el plano ideológico  a los reformadores protestantes y al movimiento  humanista. Para los jesuitas, como soldados de Cristo, clérigos que se mezclaban en la vida del mundo, aunque sus propósitos iniciales fueron la confesión, la predicación y la catequización, pronto la educación ocupó un lugar primordial en sus intereses. El latín era el punto central de la instrucción al punto que para ser admitidos los estudiantes tenían que tener conocimientos rudimentarios de esa lengua y se prohibía hablar en otro idioma. Se excluía el conocimiento histórico y de las disciplinas científicas y se privilegiaba la enseñanza de la oratoria con textos de Cicerón, generalmente no se estudiaba un autor ni una obra sino trozos escogidos, extractos. Para evitar la influencia de la literatura de la época se convirtieron en apologistas y exégetas de la literatura antigua pagana. Inventaron el procedimiento de lecciones cortas, cuidadosamente graduadas, con repasos frecuentes (semanales, mensuales, trimestrales, anuales) mucha repetición oral y la recurrencia a temas breves.

El maestro daba las explicaciones generalmente al inicio de la clase y luego los alumnos debían repetir, se buscaba la memorización por sobre la comprensión. Introdujeron el deber escrito convertido, desde entonces, en el prototipo de la tarea escolar. Asignaban en forma abundante ejercicios de composición muy variados así como dictados porque era necesario evitar el tiempo ocioso. Debido a que para acceder mejor a las mentes se necesitaba abrir los corazones haciéndose amar, era menester que el maestro ganase su autoridad por el afecto y el ascendiente  moral. Por ello, evitaban los castigos severos antes recurrían a promover la emulación y la competencia entre los individuos que eran subdivididos según sus capacidades y  utilizaban notas escolares además de pruebas, certámenes y concursos.


A pesar de que las aulas jesuitas eran numerosas (podían llegar a convivir entre 200 y 300 alumnos) el principio de individualización fue llevado al extremo. En los colegios de internados, los alumnos vivían con sus maestros. Durante toda su vida colegial eran vigilados y dirigidos por los “decuriones” o ayudantes que eran  alumnos avanzados que elegía el docente para recolectar los trabajos y controlar el cumplimiento de los deberes por parte de los estudiantes de la fila (decuria) que tenía asignada. Con frecuencia, pasaban luego a ser maestros.

Los pilares de la escuela son el orden, el control y la autoridad. El orden se materializa en el método que ordena tiempo, espacio y actividad. El control es un elemento central y comienza por el cuerpo que es sometido a vigilancia permanente, prescripciones y represiones como efectos visibles del disciplinamiento. La autoridad se personifica en el maestro, dueño del conocimiento y del método quien debe preparar a los estudiantes para su futura vida laboral y social.

Para medir los alcances de la educación jesuítica se debe tener en cuenta que sus destinatarios principales eran los nobles y burgueses, los personajes importantes de los siglos XVII y XVIII fueron educados por los jesuitas aunque algunos, como Descartes y Voltaire, se rebelaron contra ellos. Otras órdenes católicas se dedicaron a instaurar sistemas pedagógicos de enseñanza elemental destinados a la educación de masas como Juan Bautista de Lasalle (1651-1719) que formó una amalgama en cuanto al método grupal  colectivo como el que proponía Comenio con la visión fiscalizadora de los jesuitas a través de una pedagogía del detalle que reglamentaba puntillosamente la vida escolar ritualizando la comunicación entre el docente y los alumnos y exaltando la educación moral. Es importante añadir que, avanzado un poco más el capitalismo con la Revolución Industrial y el consecuente crecimiento de las ciudades y de las demandas de instrucción así como la escasez de docentes y escuelas, hubo intentos de maximizar la efectividad de la enseñanza mutua que brindaban los alumnos monitores con métodos de enseñanza elemental como el difundido por Joseph Lancaster (1778-1838) que llegaba a atender hasta a 1000 estudiantes por cada maestro pero hacia mediados del siglo XIX fue desapareciendo a favor de la generalización de la enseñanza simultánea grupal a cargo del docente.


La Ratio Studiorum es el texto en el que se presenta la minuciosa sistematización, organización y método de los estudios en los Colegios y Universidades de la Compañía de Jesús. Añadido a otros textos oficiales contemporáneos pueden identificarse en su lectura las funciones sociales de la educación escolar destacadas en esta pedagogía.

“Fin de los estudios de la Compañía. P.4 proem. Y c. 12, 1.P. 10.3.
1. Siendo uno de los misterios primarios de nuestra Compañía enseñar a los demás todas las materias que sean conformes con nuestro instituto, con el fin de que se muevan al conocimiento y al amor de nuestro Creador y Redentor: piense con todo cuidado el Propósito Provincial en atender a tan múltiple trabajo de nuestras escuelas, exigido por la gracia de nuestra vocación, para que el fruto responda con abundancia.
Prefecto general de estudios. P.4, c. 17,2.
2. Por consiguiente, no sólo, encomiende esto en el Señor al Rector y no sólo a él sino también nómbrese un Prefecto de estudios o Canciller, persona notablemente versada en letras y ciencias, que tenga buen celo y juicio en lo que le fuere encomendado: cuyo oficio sea hacer de instrumento del Rector para disponer bien los estudios: al que deben obedecer con la debida humildad en lo tocante a los estudios de los profesores y los estudiantes, ya los del mismo colegio, ya también los que tal vez viven en los seminarios de internos y alumnos, y los Prefectos de estudios en los seminarios.
Prefecto de estudios inferiores y del atrio.
3. Si por lo grande y variado de la escuela pareciere que no se pude atender suficientemente a los asuntos de todos los escolares con un solo Prefecto de Estudios: nombre otro, que dirija los estudios inferiores según la disposición del Prefecto general; más aún si fuera necesario, agregue un tercero que dirija el atrio de los escolares.
Cómo disponer de profesores. P. 4, c. 6,6.
4. Con mucha anticipación vea cuántos profesores podrá tener por cada facultad, fijándose en los que le parezcan más aptos para ella, y que sean doctos, diligentes y asiduos, no menos que inclinados al provecho de los estudiantes así en las lecciones como en otros ejercicios literarios.
Estudio y maestro de la Sagrada Escritura. P. 4, c. 12,2 v B.
5. Ponga mucha diligencia en promover el estudio de las Sagradas Letras: lo que conseguirá si escoge personas no sólo peritas en lenguas (porque esto es sumamente necesario) sino también en la teología escolástica y en las demás ciencias y en la historia y en variada erudición y, en cuanto sea posible, bien versados en elocuencia. (Ratio Studiorum Oficial 1599)
“25. Dios se revela especialmente en el misterio de la persona humana, ‘creada a imagen y semejanza de Dios’ y por ello, la educación jesuítica explora el significado de la vida humana y se preocupa por la formación total de cada estudiante como ser amado personalmente por Dios. El objetivo de la educación jesuítica consiste en ayudar al desarrollo más completo posible de todos los talentos dados por Dios a cada persona individual como miembro de la comunidad humana.
34. Por el hecho de que todo programa en la escuela puede ser medio para descubrir a Dios, todos los profesores comparten la responsabilidad de la dimensión religiosa del centro. Sin embargo, el factor integrador en el proceso del descubrimiento de Dios y de la comprensión  del verdadero significado de la vida humana es la teología, presentada mediante la educación religiosa y espiritual. La formación religiosa y espiritual se integra dentro de la educación jesuítica; no es algo añadido al proceso educativo o separado de él.
36.(...) El desarrollo intelectual, imaginativo y afectivo, creativo y físico de cada estudiante, junto con el sentido de admiración que es un aspecto de cada asignatura y de la totalidad de la vida de la escuela, todo puede ayudar a los alumnos a descubrir a Dios activo en la historia y en la creación.
37. Respetando la integridad de las disciplinas académicas, preocupación de la educación jesuítica es la preparación para la vida, que es en sí misma preparación para la vida eterna. La formación de la persona no es un fin abstracto; la educación jesuítica está también preocupada por la manera en que los estudiantes aprovecharán su formación dentro de la comunidad humana, en el servicio a los demás ‘para alabar, hacer reverencia y servir a Dios’. El éxito de la educación de la Compañía no se mide en términos de logros académicos de los estudiantes o de competencia profesional de los profesores, sino más bien en términos de la calidad de su vida”. (Características de la Educación de la Compañía de Jesús. 1986:151-154) (Las referencias entre paréntesis corresponden a la edición electrónica de “Ratio Studiorum” y otros documentos corporativos anotada en fuentes)




[i] Es importante añadir que, avanzado un poco más el capitalismo con la Revolución Industrial y el consecuente crecimiento de las ciudades y de las demandas de instrucción así como la escasez de docentes y escuelas, hubo intentos de maximizar la efectividad de la enseñanza mutua que brindaban los alumnos monitores con métodos de enseñanza elemental como el difundido por Joseph Lancaster (1778-1838) que llegaba a atender hasta a 1000 estudiantes por cada maestro pero hacia medidados del siglo XIX fue desapareciendo a favor de la generalización de la enseñanza simultánea grupal a cargo del docente.


CORTO SOBRE LA PEDAGOGÍA JESUITA

FILM SOBRE VIDA Y OBRA DE SAN IGNACIO DE LOYOLA